| Nápoles
Es a la sombra del inquietante y temido Vesubio que
aparece el golfo de Nápoles, donde se respira
el más intenso espíritu del sur italiano.
La ciudad es un interesante centro monumental, presidido
por la plaza del Plebiscito, un hemiciclo con la iglesia
de San Francisco di Paola en el centro. Desde allí
se puede hacer un interesante recorrido por los lugares
más representativos y esplendorosos de Nápoles,
empezando por el palacio Real construido bajo mandato
del virrey de la ciudad Fernández Ruiz de Castro
y con una interesante capilla Palatina, obra de Francesco
Antonio Picchiatti.
En
la plaza Trieste y Trento se encuentra la iglesia de
San Ferdinando, con numerosos frescos, estucos y monumentos
funerarios; la galería Umberto, dominada por
una vidriera que culmina a 57 m. de altura, y el teatro
San Carlo, un majestuoso monumento destinado a perpetuar
el reinado de los Borbones.
Es
imposible obviar una visita a la fortaleza Real, con
la capilla Palatina dedicada a Santa Bárbara
y el arco del Triunfo , que surge entre dos macizas
torres que dan paso al patio del castillo. Rodeando
el centro histórico aparece Spaccanapoli, uno
de los barrios más antiguos de la ciudad y espejo
de la vida del pueblo napolitano. Aquí están
el monasterio de Santi Severino e Sossio y la iglesia
de Gesú. Entre los muchos museos napolitanos
merecen una especial mención el Arqueológico
Nacional -que alberga colecciones de esculturas, mosaicos,
pinturas y objetos cotidianos de la Antigüedad-,
y el de Capodimonte, con objetos de arte occidental
y oriental de la época medieval.
Pompeya,
uno de los mejores destinos arqueológicos del
mundo, surge a 10 km. del Vesubio, el mismo volcán
que la sepultó hace siglos. En el centro de esta
urbe, desenterrada del olvido en 1748, nos encontramos
con verdaderas joyas como el foro, numerosos zócalos
de estatuas conmemorativas y una parte de la columnata
de Toba.
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